Castelo de Tomar

D. Afonso Henriques concedió a los Templarios la defensa de las vías que conducían a Coimbra, la capital del reino durante el siglo XII. En ese proceso, la Orden del Temple llegó a poseer un vasto territorio entre Tajo y el río Mondego cuyi objetivo era controlar el acceso meridional a Coimbra. El centro neurálgico de esas posesiones templarias fue precisamente, Tomar. La carta regia de donación data de 1159 y el castillo comenzó a ser edificado un año después, de acuerdo con una inscripción que se conserva en la torre del homenaje. En 1162, el maestro de la Orden concedió carta de foral a los pobladores de Tomar, lo que revela que, en escasos tres años, hubo una preocupación efectiva por parte de los nuevos señores para dotar al lugar de condiciones mínimas de defensa, poblamiento y dinámica socioeconómica.

Los orígenes del castillo deben ser, sin embargo, anteriores a esa donación. Varios autores han señalado la existencia de vestigios que prueban la existencia de una estructura militar anterior, de contornos aún poco definidos, pero que puede remontarse a la época romana y que se habría mantenido durante el período islámico. De hecho, en las murallas de la fortaleza se encuentran reaprovechadas algunas placas decorativas de cronología mozárabe, probablemente procedentes del sitio de Santa María dos Olivais, en la margen izquierda del río Nabão.

La elección por parte del rey de los Templarios para encomendarles la seguridad de Coimbra tuvo una inequívoca carga militar, algo que la Orden estaba plenamente capacitada para asegurar. De hecho, es el Temple y el maestre Gualdim Pais al que se debe la renovación de la arquitectura militar en la segunda mitad del siglo XII, prueba de que estaban en posesión de la mejor tecnología militar de la época.

A pesar de los múltiples cambios en el recinto fortificado, la mayoría de ellos relacionados con las sucesivas campañas de ampliación del Convento de Cristo, son todavía numerosos y significativos los elementos románicos de la fortaleza. El más importante es posiblemente, la torre del homenaje. Se trata de un dispositivo introducido en Portugal por los Templarios y que tiene en Tomar su testimonio más antiguo. De planta rectangular, se eleva en tres pisos, muy por encima de las murallas que delimitan la alcazaba.

Lacerda Machado
Elaboración propia en base a plano de reconstrucción del Castillo de Francisco Soares de Lacerda Machado. 1935

Esta alcazaba es de planta aproximadamente poligonal, con algunas caras curvas. En su interior apenas queda la torre del Homenaje.

Bajo este recinto de la alcazaba, situado en la parte más elevada, existe un espacio más amplio que correspondió, inicialmente, a la villa fortificada de la Baja Edad Media. La planta es también irregular y se desarrolla en cuña en el sentido de levante, rematada en una poderosa torre cuadrangular, conocida como Torre de la Reina. Esta sección de la muralla integra otro elemento claramente románico e introducido en la arquitectura militar por los Templarios, el alambor, sistema de “basamento en rampa de los muros” cuyo objetivo era dificultar los trabajos de zapa y de mina e impedir la aproximación de torres de asalto, así como eliminar ángulos muertos en la base de las murallas. En Tomar el alambor fue empleado en una dimensión nunca usada en Portugal, circundando toda la muralla y determinando incluso la inclinación de las propias saeteras.

En estas imágenes se aprecia el imponente alambor

Finalmente, se debe hacer referencia a la aplicación del cadalso, una protección en madera que se extendía en la parte superior de las torres y paredes exteriores de las fortalezas, que posibilitaba el aumento del ángulo de tiro vertical sobre las bases de las murallas

A lo largo de los siglos, el recinto ha sido ocupado por múltiples construcciones, en particular por el conjunto del Convento de Cristo. La Charola románica, construida en la transición hacia el siglo XIII, se implantó en la sección poniente del castillo y, a partir de ahí se edificaron una serie de nuevos espacios y volúmenes.

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La Charola del Convento de Cristo

En 1499, por orden de D. Manuel, la población intramuros fue obligada a abandonar la villa intramuros y desplazarse a los arrabales junto al río Nabão. En la primera mitad del siglo XVI, los Paços de la Reina fueron ampliados, desarrollándose en el sentido septentrional, entre la Charola y la Alcazaba. En 1618, se destruyó la torre Noroeste para ampliar la entrada en el recinto, pero no consta que se hayan verificado muchas destrucciones, hasta el punto de que el conjunto ha llegado a nuestros días como uno de los más genuinos castillos medievales portugueses.

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