Pontedeume, la villa de los Andrade

Breve reseña histórica Pontedeume

Se puede decir que la historia de Pontedeume como villa comienza cuando el Rey Alfonso X otorga los vecinos de Pruzos y Becouzos el privilegio para poblar el lugar llamado “Ponte do Eume”. Les concedía además el derecho a celebrar un mercado anual y el Fuero de Benavente para juzgarse.

A partir de 1371 Pontedeume queda supeditada a la Casa de Andrade, cuando el Rey Enrique II donó este señorío a Fernán Pérez de Andrade, que amuralló la villa, construyó un alcázar, el estratégico puente sobre el Eume y el castillo de su nombre. A partir de entonces la historia de la villa queda ligada a las vicisitudes de los señores de Andrade durante casi cuatro siglos. La desvinculación de esta Casa de Pontedeume provocó un deterioro para la villa y la pérdida de su pujanza.

Dos enormes incendios (en 1533 y en 1607) destruyeron la villa casi por completo.

Tras la división del reino de Galicia en siete provincias (Santiago, Tui, Lugo, Mondoñedo, Ourense, A Coruña y Betanzos), durante el reinado de los Reyes Católicos, Pontedeume pasa a formar parte de la de Betanzos. Entonces, en los últimos tiempos de los señoríos, la Villa y su jurisdicción se halla dividida en dos alcaldías, cada una de las cuales comprendían diversas feligresías: una mayor y otra ordinaria (dentro de la que está Pontedeume). Ambas compartían una única regencia en lo municipal y económico, y sus miembros eran nombrados por los Condes de Lemos, herederos de la Casa de Andrade.

Una vez extinguidos los señoríos siguen existiendo estas dos alcaldías, hasta que se establece la actual ordenación territorial (1834), por la cual Galicia se divide en cuatro provincias y Pontedeume se integra en la de A Coruña.

Las bases de su vida económica en el siglo XIX son la agricultura, la pesca y la explotación maderera. La necesidad de mejorar las vías de comunicación para intensificar las relaciones comerciales determina que la Villa sufra progresivamente un importante cambio urbanístico. En la década de los 60 del 1800 se acometen las más importantes obras de infraestructura. Se inaugura el alumbrado público, se coloca el baldosado de los soportales de la Rúa Real, llega la luz eléctrica y se inaugura el actual puerto. En 1867 finalizaron las obras del puente que llegó a nuestros días

Ya en el siglo XX, el movimiento agrario-regionalista (germen del nacionalismo gallego) tiene una gran difusión en la Villa gracias a la labor de «Solidaridad Gallega». Sus objetivos eran la erradicación del caciquismo, la cohesión regional y combatir el centralismo. También se caracterizaba en el terreno cultural por la revalorización de la lengua gallega como instrumento literario y de propaganda agraria; así que, cuando «Solidaridad» desaparezca en 1912 inspirará la labor de las «Irmandades da Fala», movimiento sociocultural que identifica la esencia de la personalidad de Galicia con el idioma gallego.

Estas «Irmandades» serán el canal organizativo del nacionalismo en Galicia hasta la II República. Al instaurarse el régimen republicano, en Pontedeume las fuerzas de derecha e izquierda se reparten equitativamente el gobierno local. Como en tantos sitios la represión franquista en la ciudad fue feroz, pese a caer tempranamente, el 23 de julio, en manos de los facciosos

La casa de los Andrade

La casa de los Andrade fue una de las familias más poderosas de la nobleza gallega. En 1371 el rey Enrique de Trastámara concede a Fernán Pérez de Andrade «O Boo» el señorío de Pontedeume por su apoyo en la guerra contra Pedro I «el Cruel».

Fernán Pérez de Andrade fue uno de los personajes más importantes de la historia de Galicia. La capital de todos sus señoríos fue “Pontes de Ume”, a la cual amuralló, construyendo uno de los puentes más estratégicos del Reino y un alcázar, hoy desaparecido del que sólo queda la Torre del homenaje (El Torreón).

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Sepulcro de Fernán Pérez de Andrade en Betanzos

A su sobrino le sucede Nuno Freire de Andrade, llamado «O Mao» por su carácter despótico y cruel. Fue implacable con los monjes de Sobrado, con quienes los señores de Pontedeume siempre mantuvieron una guerra incesante; y sometió a sus vasallos a constantes alzas de impuestos para costear sus campañas de Castilla, por lo que los burgueses y marineros de las villas de Ferrol, Betanzos y Pontedeume se unieron a los campesinos para formar la «Irmandade Fusquenlla».

Acaudillada por Roi Sordo, surge así una hermandad que pronto se convirtió en un movimiento de emancipación, llegando a sitiar a la familia de Nuno Freire en el Castillo de Andrade en 1431 y siendo un claro precedente de la Gran Revuelta Irmandiña de 1467.

Otro señor destacado de la Casa de los Andrade fue Fernán Pérez «O Mozo» en torno al 1443. Éste tendría que hacer frente a la nueva guerra irmandiña de mayores proporciones que la anterior entre 1467 y 1468. La acaudillaban Pedro Osorio en el centro de Galicia, Alonso de Lanzós en las tierras de Betanzos, Pontedeume y obispado de Mondoñedo, y Diego de Lemos entre el Ulla y el Limia.

Los resentimientos que todos ellos albergaban contra los Andrade hicieron que la guerra fuese especialmente virulenta en los dominios de esta familia. Alonso de Lanzós invade y consigue apoderarse de Pontedeume, haciendo huir a Fernán Pérez, pero al final es reintegrada a los dominios de los Andrade y la rebelión sofocada con el apoyo de la nobleza y el rey.

Andrade el malo y los irmandiños

Tras la Revuelta de os Irmandiños, destacaría Diego de Andrade, que sería recompensado por los Reyes Católicos por su apoyo en sus enfrentamientos con la nobleza gallega. Fue confirmada su posesión de todos los bienes, tierras, señoríos, villas, castillos y fortalezas que heredara; le otorgaron una renta de cien mil maravedíes de por vida; lo nombraron regidor de A Coruña en 1476 y capitán de la misma ciudad en 1477; formó parte del consejo del rey en la corte y lo hicieron conde de Vilalba, cuyo castillo reedificó. Murió en 1492, tras haber asistido el año anterior a la guerra de reconquista de Granada.

Su hijo, Fernando de Andrade y Pérez de las Mariñas, destacó por su participación en varias guerras de la corona. Así, acompañó a su padre en la guerra contra los árabes, aunque sobre todo sobresalió por sus victorias en Italia frente a los franceses en 1503, 1511 y 1522, ganando en la Batalla de Seminara los territorios que antes perdiera el «Gran Capitán», Gonzalo de Córdoba.

Su nieto, Pedro Fernández de Castro y Andrade, simboliza en su persona la fusión de la Casa de Andrade con la de Lemos en el siglo XVII. Con él se desvincula la sede de la familia en Pontedeume, trasladándola a Monforte de Lemos, iniciando así una cierta decadencia de la villa.

El Puente

La historia de esta Villa está estrechamente ligada a su Puente. Por su importancia estratégica y económica era considerado como uno de los más importantes de España y también del viejo continente. De la antigua pasarela de madera, que permitía vadear el río cuando la marea estaba baja, y cuya obra atribuyen algunos historiadores a los romanos, recibió este lugar su nombre: “Pontes de Ume”.

Reconstrucción del Puente Medieval1
Reconstrucción del puente medieval

Al poco de hacerse dueño y señor de estas tierras, Fernán Pérez de Andrade cambia la vieja pasarela de madera por un puente de cantería entre 1380 y 1386. Estaba formado por 78 arcos apuntados, de los cuales 7 fueron eliminados sólo 27 años después, y sus dimensiones eran aproximadamente 850 metros de largo por 3,3 metros de ancho.

El puente poseía dos torres situadas la primera o Torre da Ponte, entre los arcos 8 y 9 y la segunda o Torre do Risco entre el 40 y 41. En el centro, entre los arcos 20 y 21. Disponía de un hospital de peregrinos, que contaba con aposentos, cocina y capilla para la oración. El hospital desapareció entre los años 1791 y 1820 y en el año 1843 el puente se queda sin sus dos torres, la capilla y los símbolos de los Andrade: el oso y el jabalí

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Puente de madera en 1863

Para 1870 se había construido un nuevo puente, cuya vida fuer corta pues el 26 de diciembre de 1874, un Eume embravecido arrasa los tres primeros arcos, dejando una vez más el tráfico interrumpido.

En 1876 se aprueba la creación de un nuevo revestimiento provisional de madera sobre la zona dañada, el cual durará hasta 1881, y para 1889 la obra en piedra quedaría terminada.

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Puente actual. Foto Turismo de Galicia

El puente actual es, básicamente, el mismo que se inauguró en 1889, pero con modificaciones externas. Hoy en día, el puente está compuesto por 15 arcos y sobre él transcurre la carretera nacional 651. En la rotonda que hay en la entrada del puente se encuentran encaramados sobre sendos bloques de granito el Oso y el Jabalí, emblemas de la Villa heredados de la Casa de Andrade, que hoy forman parte del escudo de la ciudad

Las murallas

Fue el primer Andrade señor de Pontedeume, quien mandó edificar amurallar la villa frente a posibles ataques. Este muro contaba al principio de tres puertas principales: la del Puente (arco de Maldonado), la de la Villa, situada en la entrada de la plaza de las Angustias y la tercera, de Porto o San Miguel. Parece ser que había otras tres puertas: la de Carnicería, que debió estar situada donde está la actual Rúa dos Ferreiros; la de Salga, probablemente inmediata al Torreón, y la del Postigo, en la que se desembocaba viniendo por la Rúa da Fonte Nova.

Los estudios realizados por D. Antonio Couceiro Freijomil dan casi por seguro que el recinto de Pontedeume limitaba por el sur con el corredor de las Virtudes, las calles Atafona y Postigo; por el oeste, con el Pazo de Andrade; por el norte, con la calle Ribeira, que daba directamente a la ría; y por el este, con el convento de San Agostiño

Resto de la muralla

Como la mayoría de las ciudades, un mal entendido progreso convirtió en un obstáculo la muralla ante el avance demográfico de extramuros, de forma que paulatinamente fue derribada. Hoy queda un pequeño trozo de la misma junto a la Iglesia Parroquial de Santiago.

El Torreón

El desaparecido Palacio-Fortaleza de los Condes de Andrade estaba situado en la zona que actualmente ocupan el mercado y la fuente del «Pilón», en la Praza do Conde. Iniciada su construcción por Fernán Pérez de Andrade entre 1370-1380, tenía una doble función residencial y defensiva. Del conjunto, compuesto por el palacio, la capilla de San Miguel y la torre, hoy sólo queda este último edificio.

Conocido popularmente como El Torreón, sus muros tienen hasta 2,35 metros de espesor, es de planta cuadrada y mide 11,50 metros de lado por 18 de alto. Contando la planta baja sus pisos son cuatro. Aparte de las saeteras y puertas con arcos algunos ligeramente apuntados, son de destacar sus ventanales góticos. El del piso tercero está compuesto de arcos lobulados separados por un parteluz, sobre el cual tiene un óculo con tracerías.

El escudo de los Andrade en el Torreón

En el cuarto piso existen otros ventanales también góticos, uno de ellos con óculo colado con una cruz de cinco puntos. Todos estos detalles hacen que el torreón de Pontedeume sea considerado uno de los más hermosos ejemplos de arquitectura militar de la Edad Media en Galicia. En la fachada de entrada al edificio podemos contemplar un magnífico escudo en el que se unen los blasones de las familias Andrade y Lemos, fusionadas en el siglo XVII. Anteriormente estaba situado en la fachada principal del Palacio de los Andrade.

El castillo de los Andrade

Dominando el valle y la ría, en una peña llamada Leboreiro, se alza el Castillo de Andrade. Lo construyó Fernán Pérez de Andrade, entre los años 1369 y 1377.

Vista desde el Castillo. Foto de Luis Carro

De sólida construcción, sus muros apenas calados por estrechas saeteras, y estratégico emplazamiento, este castillo roquero fue en su día una verdadera joya como atalaya de defensa.

Se dice que la peña sobre la que se alza sobriamente fue pulida por varias partes para hacerlo inaccesible, si bien complicaba aún más la tarea al enemigo el profundo foso que la rodeaba. Pero está claro que su principal arma de defensa fue su propia ubicación.

Desde lo alto de la torre que mide unos 20 metros se alcanzan a ver las rías de Ferrol, Ares y Betanzos. Así pues, la mayor parte de las tierras del Señorío de los Andrade estaba bajo su atenta mirada.

Por ser pequeño y de escasa capacidad de alojamiento apenas servía como residencia, de hecho, la familia y la pequeña corte vivían en el Palacio que existía en la villa. Sólo en momentos de verdadero peligro subían a refugiarse al castillo. Según una leyenda un camino subterráneo comunicaba el castillo con el Alcázar en la Villa

El antiguo castillo fue testigo de cruentas batallas, como el levantamiento heroico de los irmandiños que desmantelaron casi todas las fortalezas de Galicia, pero que no pudieron con sus muros. Tampoco el paso de los siglos acaba con esta construcción de sillería, únicamente su interior está totalmente destruido. La torre tenía tres pisos, según delatan los huecos donde se empotraron las vigas. El superior estaba cubierto por una bóveda de sillería que todavía puede contemplarse hoy.

La remataba una terraza que en su tiempo debió tener almenas y matacanes. Según un estudio realizado en 1903 por el general ferrolano Andrés A. Comerma, en la parte baja del castillo, que tenía dos pisos, estaban los alojamientos: «…cuatro ventanas hay en los muros: dos en el del E., una de dos arcos de medio punto, indicación precisa de habitación familiar, y otra con asientos de piedra, a manera de mirador; y las dos restantes en el del O., una con asientos y otra que más bien parece de defensa». La plaza de armas debió ser muy pequeña y la única puerta de entrada al castillo, defendida por dos pequeños torreones prismáticos, se cerraba con un rastrillo y una puerta interior de doble hoja. En la parte superior coronaba este acceso el escudo de los Andrade, hoy prácticamente pulido por el paso del tiempo.

La leyenda del castillo del hambre

Al pasar por delante de este castillo, todavía hay campesinos en el lugar que se santiguan diciendo: “Que Deus teña na gloria os que morreron no castelo da fame”. Una plegaria respetuosa que obedece a la romántica y cruel historia legendaria, transmitida de padres a hijos, entorno a un espantoso calabozo secreto que se dice existió en esta fortaleza y en el que dos jóvenes amantes fueron enterrados en vida.

Fue a finales del año 1389, cuando este castillo estaba al cuidado de un alcaide robusto y fuerte, un tanto presuntuoso y enamoradizo, llamado Pero López. Un hombre violento y cruel que planificó y llevó a cabo la más horrible de las venganzas.

Le había echado el ojo a la joven Elvira, doncella de la Señora de Andrade, pero ella no correspondía a sus atenciones pues tenía amores con Mauro, el paje favorito del Señor por tratarse de su hijo bastardo. Ambas circunstancias, ser el preferido de Elvira y del propio Conde, fueron poco a poco avivando las llamas del profundo odio que Pero López llegó a profesar al joven Mauro.

Ayudado por un esclavo narcotizó y secuestró a los jóvenes amantes, trasladando sus cuerpos desmayados a un subterráneo escondido en la torre del castillo del cual muy pocos tenían noticia. Se accedía a él bajando unas pendientes y ruinosas escaleras que conducían a una reducida estancia, húmeda y oscura. Allí, una de aquellas paredes mohosas se abría, manejando un resorte hábilmente ocultado, dando paso a una celda maloliente y repugnante. Frente a frente, contra dos de los muros del lugar, depositó los cuerpos de los amantes, ambos sujetos con cadenas y atormentados con mordazas de madera.

Los dos jóvenes estuvieron mucho tiempo sufriendo el horroroso martirio de contemplarse en aquella situación de la cual no podían librarse. Mientras, el Señor de Andrade en vano intentaba dar con el paradero de su querido paje y de la doncella de su mujer, pero con el paso de los días fue haciendo caso a las habladurías del pueblo y creyendo que habían huido juntos.

Al cabo de los meses, una mañana ya de verano llevaron al Pazo de la Villa a Pero López malherido. Había tenido una pelea con un escudero a causa de cierta hazaña que hiciera la moza de éste. Y cuando el Conde fue a verle a su lecho de muerte, escuchó del alcaide la confesión de su espantoso crimen, cuyos remordimientos le aterrorizaban en esa hora fatal de su vida: “Señor, os pido perdón. Fui yo quien, por envidia y genio, enojado por el desprecio de Elvira, encerré en el subterráneo de la torre a ella y a vuestro paje Mauro… Mi intención no era acabar con sus vidas, sino vengar mi corazón roto causando un profundo sufrimiento a los amantes. El esclavo negro les llevaba de comer, hasta que un día Mauro logró librarse de las cadenas y le atizó con el hierro dejándole malherido. Pero mientas el rapaz acudía a liberar a Elvira, el fiel Zaib se arrastró hasta llegar a la poterna y, aunque cayó muerto a la entrada del calabozo, tuvo tiempo de cerrar el muro impidiendo la salida de los jóvenes. Al cabo de las horas, cuando lo eche de menos, baje al subterráneo y encontré al negro muerto, con la cabeza destrozada y ensangrentada… ¡Cogí miedo, Señor!, comprendí lo que había sucedido y no me atreví a descorrer el muro nunca más, ¡y los infelices murieron de hambre!”

Ante tan espantoso relato, el Señor de Andrade enterró su daga en el pecho del asesino de su hijo, arrancándole la poca vida que le restaba. Luego corrió al subterráneo del castillo, vertiendo lágrimas de desesperación y allí descubrió los cuerpos de los dos amantes, que se encontraban juntos en un abrazo de eterna despedida. Después que les hizo un entierro casi regio en la Villa, el Conde se encerró en su castillo y pasó llorando los días que le quedaron de vida, a aquel hijo querido, muerto tan joven y de un modo tan horroroso.

Nota

Casi toda la información de esta entrada está e4xtraída de la información que proporciona el Ayuntamiento de Pontedeume en su web. Las fotos son propias como siempre en este blog, excepto cuando se indica expresamente

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