Cádiz ciudad amurallada

Cádiz es sin duda la ciudad más fuertemente defendida de la costa española. Sus fortificaciones, pese al embate del mar, el abandono y la desidia o la demolición por un malentendido progreso, siguen siendo formidables. La razón hay que buscarla en el importante papel económico y estratégico que juega Cádiz entre los siglos XVI a XIX al albur de las muchas guerras en que la corona se involucró en esos siglos, sea contra Francia, los Países Bajos o Inglaterra.

Cuando en 1262 el rey Alfonso X conquista la zona, seguramente encontró en Cádiz un pequeño núcleo poblacional pobremente amurallado, acorde con el escaso papel que durante la época musulmana jugaba la ciudad dependiente de la cora de Medina Sidonia. Amén de unos pequeños ribats musulmanes (fortalezas al tiempo que monasterios) en San Fernando (ahora San Romualdo), El Puerto (ahora San Marcos) y Rota (ahora Castillo de Luna).

Posiblemente el rey mandara reedificar las murallas de Cádiz, y el castillo parece que corresponde al primer duque de Cádiz, Rodrigo Ponce de León. Y poco más. A mediados del siglo XVI Cádiz era una ciudad desguarnecida, apenas protegida por esa exigua muralla medieval y un muro levantado en la parte de tierra al que se le añadió una plataforma en 1561.

La fortificación que conocemos hoy fue producto de un laborioso proceso de construcción/destrucción que se realiza entre los siglos XVI y XIX. En función, como se decía del creciente papel económico y estratégico de la ciudad y de las múltiples e incesantes guerras en las que se involucraba la corona. Y su defensa no se limitó a la ciudad en sí sino a toda la Bahía convertida pronto en un centro neurálgico del comercio y base de la armada de la corona.

En 1554 llega a Cádiz, enviado por el todavía príncipe Felipe, el ingeniero Juan Bautista Calvi, que es el que pone las bases de lo que sería la fortificación de Cádiz en las que sucesivamente participarían los más importantes ingenieros de la corona como Fratin o Spannocchi.

Bajo esa iniciativa se levantan las fortificaciones del lado de la Bahía ante el muelle, el lugar más vulnerable, como los baluartes de Santiago y San Felipe, como se ve en el grabado de Antón Wyngaerde de 1567.

Grabado de Antón Wyngaerde. 1567. Frente del muelle. A la izquierda el baluarte de Santiago y a la derecha el de San Felipe

El Frente de Tierra, que era hasta el momento un muro de aspecto medieval, se refuerza en 1561 con una plataforma y a partir de 1577 con los que luego se llamarían baluartes de Santa Elena y San Roque

También en extramuros se construye un primer fuerte de Puntales y frente a Cádiz, en El Puerto, la Torre de Santa Catalina finalizada en 1580. Esta cruzaba fuegos con el baluarte de San Felipe para el control del acceso a la Bahía.

Grabado de Jori Hoefnagel. 1572. En primer lugar el muro de aspecto medieval del frente de tierra, con la plataforma de 1561 en el centro

De poco sirvieron estas fortificaciones en el saqueo de Drake en 1587 ni ante el ataque inglés de 1596 a cargo del conde de Essex, que desembarcó cerca de Puntales, traspasó todas las defensas y saqueó Cádiz durante 15 días

El saqueo de Cádiz de 1596 supuso un golpe enorme para el prestigio de la corona española, con pérdidas económicas que llevaron a la quiebra de la Real Hacienda ese mismo año. La ciudad quedó devastada quemándose 290 casas, iglesias y hospitales. Tanto es así que la corona se planteó la posibilidad de abandonarla y trasladar la población al Puerto de Santa María

Finalmente, prevalece la opción de incrementar y mejorar drásticamente las defensas en toda la Bahía, tratándola como un conjunto. El ingeniero encargado de estos planes fue Cristóbal de Rojas, empezando los trabajos de forma inmediata, en 1598

Para 1600 estaba listo el castillo de Santa Catalina en la Caleta. Luego, entre 1621 y 1625 se construyen los baluartes y muralla en torno a la Caleta. Antes, en 1613 se había terminado la torre de San Sebastián, donde estaba la ermita de ese nombre. Y durante la primera mitad del siglo XVII se fue acometiendo la fortificación del frente de tierra, con los actuales baluartes y un foso y revellín. En 1625 la ciudad pudo repeler, esta vez sí, un nuevo ataque inglés.

Vista Aramburu. 1647. Detalle del frente del muelle

En extramuros se había vuelto a levantar el fuerte de Puntales y se construyó justo enfrente, en Puerto Real, el de Matagorda para defender con el cruce de sus fuegos el saco interior de la Bahía y el acceso al caño de Sancti Petri. Y se construye el fuerte de Santa Catalina en El Puerto.

Pese a estas defensas, la Bahía de Cádiz entra en el siglo XVIII con la guerra de Sucesión (entre borbones y austrias) abierta y con defensas aun insuficientes, como demostró el saqueo de Puerto Real, el Puerto y Rota en 1702 por una flota anglo-holandesa

Durante ese siglo Cádiz creció en población (llegando a los 40.000 habitantes) y en prosperidad. Su importancia se incrementó con el traslado e la Casa de Contratación a Cádiz en 1717 y con la creación del Departamento Marítimo y el establecimiento de la base de la Armada en la Isla.

Vista idealizada de la Bahía de Cádiz. Valentine. 1760

Uno de los objetivos de la política borbónica fue potenciar la defensa de la ciudad hasta amurallarla en todos sus puntos y contemplar la defensa de la Bahía como un todo. En ese siglo se terminan las defensas de Puertas de Tierra, se construye el castillo de San Sebastián y se termina el amurallamiento del frente del vendaval y sus baluartes. En extramuros se reconstruye el Fuerte de Puntales, se construye el Fuerte de Cortadura y las baterías hacia el interior de la Bahía. En el otro lado de la Bahía se termina Matagorda, se reconstruye Santa Catalina (volado por los ingleses en 1702).

Son estos mimbres, incluidos los de la Isla que se fortificó aceleradamente, con los que se enfrenta Cádiz de 1810 a 1812 al asedio francés. Sobre un plano de José Díez de Bulnes de 1812, he intentado reflejar en conjunto de fortificaciones (unas desaparecidas otras no) de Cádiz ciudad amurallada. Las más importantes iremos describiéndolas en las próximas entradas.

Cádiz, defensora del de los ideales liberales y que fue capaz de elaborar una Constitución en base a esos ideales, puso límites a la expansión de Napoleón. Sin embargo, el 1823 logró triunfar el absolutismo monárquico de Fernando VII sobre el defensa de Cádiz del constitucionalismo. La batalla final se desarrolló en el Trocadero entre estos y los Cien Mil Hijos de San Luis enviados por Francia. Esta vez sí los franceses ocuparon la Bahía completa.

Luego ya la decadencia y el abandono. Y la demolición. En 1906 se demolió todo el frente del mar, hasta el baluarte de San Carlos por un lado de Santiago por el otro. Esto decía Diario de Cádiz el 3 de marzo de 1906: “Tras años de intensas reclamaciones, tras años de desprecio a las honorables demandas del pueblo gaditano, la justicia es una realidad. Por fin han comenzado los trabajos de demolición de la muralla, cuya continuidad tanto daño está haciendo a nuestro desarrollo”. El desarrollo mal entendido que acabó con tanto patrimonio en España.

Vista de Cádiz desde San Sebastián. Alfred Guesdon. 1853

Luego en 1930 se derribaron todos los glacis de Puertas de Tierra. Y en 1940 se derribaron los cuarteles y se abrieron dos enromes arcos en lo que quedaba de ´muralla para el tránsito rodado. Por su parte, en 1949, dados los frecuentes derrumbes provocados por el embate del mar, se cubrió todo el frente del vendaval con enormes bloques de hormigón. Esperemos que una actuación decidida de las distintas administraciones implicadas pare el deterioro y recupere lo que aún está abandonado, como el castillo San Sebastián o las Puertas de Tierra sin uso.

Grabado de portada: Cádiz a vista de pájaro. Alfred Guesdon. 1853

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