La Puerta de Tierra es sin duda uno de los monumentos más emblemáticos e imponentes de Cádiz. Constituye una de las piezas clave del sistema defensivo que se articula en la ciudad de Cádiz durante la Edad Moderna.
El conjunto defensivo que configura el Frente de Tierra de la ciudad de Cádiz causaba respeto y admiración en toda Europa, pero hoy, pese a su monumentalidad, es tan solo un pálido reflejo de lo que fue a finales del siglo XVIII.

La fisonomía actual de la Puerta de Tierra es resultado de distintas fases constructivas que se desarrollan entre los siglos XVI y XVIII y que progresivamente irían complejizando la fortificación.
Su origen se remonta al siglo XVI, momento en el cual el crecimiento de la ciudad desborda la cerca medieval, construyéndose hacia 1529 un muro en el frente de tierra, que corría desde ‘la mar brava’ hasta las aguas de la bahía. Era un paredón de argamasa de unos 6 metros de altura, que resultó poco útil ya que el viento de levante acumulaba contra ella gran cantidad de arena, que permitió a las tropas inglesas asaltar la muralla fácilmente durante el saqueo.

Para reforzar las defensas de Cádiz con criterios modernos, Carlos I envió al ingeniero italiano Juan Bautista Calvi en 1554, que realizó un completo proyecto de fortificación del conjunto de la ciudad.
Con respecto al frente de tierra se levantan dos baluartes tras el muro, uno el de Santiago hacia la Bahía y el otro el de Santa María hacia mar abierta. También en 1561 se construiría una plataforma artillada delante del muro.

En 1577 se están construyendo por el ingeniero Jacobo Palear Fratin los dos baluartes diseñados por Calvi: el de Benavides (conocido luego como Santa Elena) en el lado de la Bahía y el de San Roque del lado del océano. Sobre el antiguo muro, que aparece en el plano (rojo) y va a eliminarse, se proyectan estos dos baluartes de forma trapezoidal unidos por una muralla retrasada respecto a ellos, en la que se sitúa la puerta central. Por delante de los baluartes se proyecta un foso y ante la muralla un revellín y camino cubierto.
Cuando se produjo el asalto de 1596 las obras no estaban finalizadas y por allí entraron las tropas anglo-holandesas iniciando un saqueo y quema durante 15 días. La incapacidad de las defensas de Cádiz había quedado tristemente de manifiesto.
El desastre del saqueo aceleró la continuidad de las obras proyectadas por Calvi. En el mismo año del saqueo, el ingeniero Cristóbal de Rojas fue el encargado de terminar las obras del Frente de Tierra: se completan los dos baluartes con sendos orejones, se inicia una cortina que uniera a ambos y se ejecuta el foso. Finalmente se derriba la antigua muralla de argamasa. Tras el nuevo ataque inglés de 1625, que pudo ser rechazado, se construye además el revellín proyectado sobre el foso.
A mediados del siglo XVII, se continúan las obras. Por un lado, la muralla y baluartes se refuerzan con piedras y mortero de cal, pues habían sido construidas con fajina (haces de rama) y por tanto vulnerables al viento y la lluvia.

Por otro lado, entre 1655 y 1656 se decide construir un nuevo foso con trinchera por delante del revellín y su foso. El foso y la trinchera adoptaran la forma de “obra coronada”, es decir un baluarte en medio y dos semibaluartes laterales que dibujan el perfil de una corona. Pero esta “obra coronada” resultó un desastre porque rápidamente fue dañada por el viento y cegada por la arena. Para los años veinte del siglo XVIII estaba prácticamente en ruinas.
La Casa de Contratación se traslada a Cádiz en 1717 que vive a partir de entonces una época de gran prosperidad. Los numerosos conflictos en los que se involucra la corona hacen presente siempre la amenaza de ataques a la ciudad y el temor de que se pueda repetir el saqueo de 1596 de triste memoria para el pueblo.
Después de los intentos de invasión angloholandeses de 1625 y 1702 quedó demostrado que la ciudad podía repeler los ataques, pero que no se podía descartar un desembarco en la zona de extramuros o en el istmo. Por eso la culminación del Frente de Tierra sería la principal preocupación de la ciudad en las décadas centrales del siglo XVIII.


En 1717 precisamente llega a Cádiz Ignacio Sala, uno de los más importantes ingenieros militares de la época. Revisado por el también ingeniero Próspero Verboom, Sala pone en marcha un ambicioso plan para la fortificación de la Bahía, entre otros la conclusión del Frente de Tierra.
Dado el mal estado de la obra coronada, Sala presenta en 1730 un ambicioso proyecto que determinaría la configuración definitiva del Frente de Tierra y que fue un referente de aplicación de las teorías del Marqués de Vauban, mariscal de Francia y el principal ingeniero militar del siglo XVII.

Se construye una nueva muralla exterior delante del foso y el revellín compuesta por tres contraguardias y cuatro fragmentos de muralla. Ante esta segunda muralla se hace un nuevo foso y delante de él se levanta una nueva muralla con sus contraguardias en los ángulos entrantes.
El resultado fue realmente espectacular. Se completaba con dos murallas laterales que cerraban todo el conjunto, tanto del lado de la Bahía como del mar. Asimismo, se hizo un complejo sistema de contraminas (galerías subterráneas), que, aunque con peligro, aún se pueden visitar. Son las famosas cuevas de María Moco.
Mas tarde, también bajo la iniciativa de Verboom y de Sala, en 1750 se construyó tras la muralla principal un amplio conjunto de cuarteles. Dos de ellos a la espalda de los baluartes de San Roque y Santa Elena, otros adosados a las murallas y una hilera paralela a la muralla. De esta forma se creaba una especie de plaza de armas dividida por el camino de acceso a Cádiz.


La Puerta Central de la Muralla principal quedó enmarcada por una portada labrada en mármol, diseñada por el ingeniero militar José Barnola en 1751 y ejecutada por el arquitecto gaditano Torcuato Cayón. Se articula mediante dos pares de columnas de orden toscano adosadas al muro, presentando en su dintel una inscripción alusiva a la construcción de la puerta. Sobre este figuran el escudo de la ciudad y el escudo real, flanqueados por relieves y esculturas de temas militares, lo que algunos autores relacionan con la obra del escultor lisboeta Cayetano de Acosta.
Cayón ejecutaría también la fachada posterior de la puerta de acceso, un pórtico marmóreo, a modo de arco del triunfo, que consta de un triple vano articulado por pilastras toscanas
Según Carlos Sánchez Ruiz, el Torreón de Puerta de Tierra fue erigido más tardíamente, a finales de 1850 para que sirviera como la torre nº 57 de la Línea de telegrafía óptica de Andalucía de José María Mathé, que podía enviar mensajes desde el Ministerio de la Gobernación (en Madrid) hasta Cádiz en casi dos horas, si las condiciones atmosféricas lo permitían. Por eso fue conocido como la Torre Mathé y se utilizó para estos fines hasta 1857.

La mayor parte de aquel conjunto que causó admiración en Europa, obra consagrada de la poliorcética de los mejores tiempos, fue demolido en 1939 por las exigencias de expansión de la ciudad y comunicación con extramuros. Cayeron bajo la piqueta los contrafuertes y la mayor parte de los cuarteles, se cegaron los fosos y se demolieron dos amplios trozos de la muralla, dejando la Puerta aislada a modo de arco del triunfo. También fue demolido la mitad del baluarte de San Roque para permitir el paso de vehículos, quedando aislado del cuartel de su nombre.



Luego, entre 1949 y 1951, el arquitecto municipal Antonio Sánchez Estévez, devolvería la continuidad formal a la muralla, restituyendo terraplenes, merlones y cañoneras y dejando los dos grandes arcos para el paso de vehículos tal como los contemplamos en la actualidad. También en esa época se elevaría el torreón y se le colocaron las garitas en las esquinas que le dan el aspecto actual. Todavía restan la muralla que protegía el glacis hacia la bahía hoy en Bahía Blanca, y unos restos de la misma muralla, pero hacia el mar
El conjunto defensivo de puertas de tierra no llegó nunca a entrar en combate. En 1932, como precaución tras la sublevación del general Sanjurjo, un tabor de Regulares traído del Norte de África permaneció acampado en los glacis durante algún tiempo. En 1936 los Muros de Puerta de Tierra se convirtieron en paredón de ejecuciones. Ese verano fueron fusilados en los glacis muchas personas gaditanas por su leal defensa de la legalidad republicana frente al golpe militar, siendo de las primeras fusiladas las que representaban el poder republicano en la ciudad y la provincia.



