Como se dijo en otra entrada, las fortificaciones que defendían Cádiz se fueron construyendo a lo largo de los siglos XVI a XIX. En la parte de Extramuros, Puerta de Tierra para la gente de Cádiz, encontramos el Real Fuerte de la Cortadura de San Fernando, levantado en los primeros años del siglo XIX; el Fuerte de San Lorenzo del Puntal, que se erigió en el siglo XVI, pero que luego fue reconstruido en varias ocasiones; una serie de reductos en la zona de cortadura construidos expresamente durante el asedio francés, que han desaparecido; y tres baterías en el siglo XVIII, que miraban hacia la Bahía, la de Romano y las de Primera y Segunda Aguada.

Estas tres baterías que miraban a la otra orilla de la Bahía fueron construidas a comienzos del siglo XVIII en el tramo que abarca desde la terminación de los glacis de Puertas de Tierra hasta el fuerte de Puntales. Su objetivo era por un lado abortar desembarcos enemigos desde el fondeadero de Puntales similares a los ocurridos en 1596 y 1625. Y por otro contrarrestar posibles ataques desde la orilla puertorrealeña.
Se denominaron Batería de Romano (en Punta de Vaca) y ya inexistente, la Batería de la Primera Aguada y, la más potente por sus piezas de artillería, la Batería de la Segunda Aguada. Se trataba de baterías semicirculares cerradas a su gola por un muro.


En 1755 fueron muy afectadas por el terremoto de Lisboa, por lo que tuvieron que ser reconstruidas y se mantuvieron operativas hasta comienzos del siglo XIX durante el sitio francés.
Por otro lado, en 1738 se proyecta la prolongación del fuerte del Puntal con una batería exterior: la Batería de La Victoria. Era de forma rectangular y situada por delante del foso del fuerte, se orientaba hacia la entrada de la bahía y cruzaba los fuegos de los doce cañones con los que fue artillada con los de la Segunda Aguada.
En 1866 todavía seguían en pie estas baterías. Sin embargo, el paso de los años y la expansión de la ciudad por sus extramuros terminaría dibujando una suerte distinta para cada una de ellas. Desaparecieron la de la Victoria y la de Romano de las que no quedan vestigios.


En lo que se refiere a la batería de la Primera Aguada quedó dentro de los terrenos de astilleros; además al construirse en la década de los cincuenta del siglo XX el Colegio SAFA-Villoslada, no se sabe muy bien bajo que criterio, la batería se usó de cimientos para el muro colindante con el astillero. Con la liberación a mediados de los años noventa de los terrenos de astilleros, se volvió a recuperar una pequeña parte de lo que queda del lienzo de la batería.
La Batería de Segunda Aguada, por su parte, quedó sepultada durante décadas por las enormes cantidades de tierra que se usaron en los rellenos. A inicio de los años 90, al construirse los edificios de viviendas conocidos como Santa Ana, se descubrió la construcción defensiva. Para evitar su desaparición, se desmontó pieza a pieza, y se trasladó unos metros, a la Plaza de Santa Ana, quedando rodeada de un paseo. Actualmente se reutiliza como sede de la Asociación Gaditana de Personas con Discapacidad Física, AGADI.
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